Narremos los signos de esperanza, demos el testimonio de nuestra fe
- Detalles
- Publicado el Domingo, 15 Enero 2012 21:48
- Escrito por Victor Hernández
Hoy acompañamos a Anna, en el funeral de su abuela, quien fuera una mujer creyente y quien tuvo una vida de plenitud acompañada por sus hijos, nietos y bisnieta. Fue un funeral emotivo, con la asistencia de muchísimas personas, de diversas comunidades cristianas (varias de la Església Evangèlica de Catalunya), incluyendo a los hermanos gitanos de la iglesia de Gràcia, donde ella se congregaba desde hacía años.
Fue edificante escuchar los testimonios sobre el efecto que dejaba la vida, la presencia de Gloria, la abuela de Anna. Es alentador escuchar cómo la vida de una persona
que, tuvo una fe arraigada, se trasmite como alegría y solidaridad en la vida de su familia y de muchas más personas que le conocieron. Es bueno escuchar las narraciones sobre la fe vivida, sobre la alegría cristiana de personas que caminan y, en ese caminar, se vuelven una luz para otras personas, una luz que ilumina los momentos oscuros. Necesitamos dar testimonio de lo que hace la fe cristiana, no como ostentación de virtudes, sino como expresión de la vida agradecida, de la vida de fe, que va construyendo redes de afecto y solidaridad.
La abuela de Anna fue enterrada con una Biblia y un libro de recetas de cocina a su lado, porque amaba cocinar y amaba la palabra de Dios. Me decía Anna: "en el libro de cocina tenía anotados versos de la Biblia y en la Biblia tenía algunas recetas apuntadas". Sus hijos también le pusieron las gafas, "porque siempre preguntaba dónde se había dejado las gafas... ahora se las hemos dejado a su lado, para que nos las pierda" y se reían de éste gesto.
Es necesario que demos testimonio de la fe, que se relaten las experiencias donde hay signos de esperanza. Porque la fe anuncia que Dios está en medio de nosotros de otra manera: no como el Dios de la Teodicea o el Dios que juzga desde las alturas, sino que Dios nos acompaña como un padre que nos perdona sin medida, como un padre que nos abraza incesantemente. Y este Dios misericordioso es el Dios cristiano, el Dios que viene por medio de Jesús. Es lo que nos recuerdan los testimonios de la fe, la narración de los signos de esperanza. Damos gracias por las vidas de quienes nos han precedido y quedan como faros que nos orientan y nos dan esperanza. Damos gracias por la memoria viva de quienes han caminado la vida con fe y alegría. Que podamos caminar así también las generaciones actuales y las que nos sucedan, las que vengan después. Que sigamos narrando, explicando anécdotas, contando historias de la esperanza que hay en nosotros, por medio de Jesucristo.

